sábado, 22 de julio de 2017

LECTORES A CONTRACORRIENTE

Acabo de volver de unas merecidas vacaciones. He estado fuera, conociendo mundo, comiendo sin parar y pasando de una estación a otra conforme cruzaba las fronteras de Europa. He pasado muchas horas en coche durante los cinco días que ha durado mi pequeña aventura. También he cogido el avión dos veces. Hacía casi dos años que no volaba. Es bastante tiempo, aunque no creo que las cosas hayan cambiado mucho desde que lo hiciera la anterior a esta. Las colas siguen siendo insufribles; los precios, tanto en el aeropuerto como en el avión, un auténtico robo; y yo sigo eligiendo lecturas muy diferentes a las de los otros viajeros. Y es que mientras la mayoría eligen bestsellers ligeritos, libros gruesos de fácil lectura, yo suelo ir con volúmenes poco pesados que, sin embargo, dan para mucho que pensar. Leo narrativa literaria que me requiere poner todos los sentidos en la lectura (y me hace odiar a los pasajeros que hablan demasiado alto) y dejo las lecturas más relajadas para cuando estoy de vuelta en casa. Así consigo que el viaje no solo resulte mejor, sino también, algo inolvidable.
Creo que soy una lectora a contracorriente, y no solo por lo que os acabo de contar. También tengo otras costumbres que se salen de lo que hace “la gran mayoría”. Por ejemplo, cada vez que alguien dice que es fundamental, totalmente imprescindible, imperdonable, no leer tal o cuál libro, yo decido automáticamente no leerlo jamás o al menos no durante un buen tiempo. Todo esto de los libros fundamentales me parece muy relativo (a no ser que estés estudiando carreras que te exigen leer algunos de ellos, o todos, como Literatura Comparada, Filología Hispánica, Filología Inglesa, etc). Creo que cada lector debe encontrar su lista de libros importantes, una lista propia: única. En esa lista puede haber clásicos, contemporáneos, libros que a ojos de otros pueden ser infumables y títulos que ningún otro parecerá conocer. Libros, en definitiva, que aporten algo al que los elige, que le hagan aprender, reflexionar o simplemente desconectar del mundo en el que vivimos.
Una vez estuve en una conferencia sobre Vampiros impartida por un profesor muy versado en la materia. Antes de comenzar, el ponente nos dijo, muy serio y convencido, que el que no hubiera leído Drácula, de Bram Stoker, debía dejar inmediatamente la sala. Yo no lo había leído entonces, pero no me levanté del asiento. Drácula es una gran novela de vampiros, como pude comprobar cuando la leí unos años después, pero no hace falta conocerla para que te gusten los vampiros. Existen muchas otras novelas, cuentos, películas, cómics, series, ensayos sobre el tema. Y la conferencia ni siquiera iba sobre el libro, sino sobre los vampiros en la cultura europea a lo largo de los años, así que, ¿para qué irse antes de ver si lo que decía aquel experto era comprensible o no para mí?
Los libros que están muy de moda tampoco me atraen, a no ser que yo sea de las primeras personas en leerlos. No solo hablo de bestsellers. El libro de narrativa literaria que este año está siendo todo un éxito, por ejemplo, a mí me da un poco de miedo. Seguro que a mí me daría por buscarle todas las faltas, o no conectaría con el mensaje del autor. Intento convencerme de echarle un vistazo a ese libro en concreto, pero al final no me atrevo. En este sentido, creo que soy demasiado puntillosa, demasiado crítica en los momentos en los que igual debería relajarme y simplemente decidirme a leer, si acaso el libro en cuestión me llama la atención.
Qué curioso que una persona que recomienda libros os cuente todo esto, ¿verdad? ¿Un poco contradictorio, tal vez? Puede ser. Yo hablo de libros que quizá os puedan gustar, de obras conocidas o no tanto que tal vez os hagan pasar un buen rato como lectores. Intento daros a elegir entre géneros distintos, historias muy diferentes, formatos diversos. Vosotros sois libres de hacer caso a mis recomendaciones o de no hacerlo, de compartir mis gustos o de odiarlos a muerte. En todo caso, leed. Leed lo que todos quieren o lo que nadie elige. Leed en la playa, en el despacho o en el tren. Leed de noche. Leed de día. Leed porque estáis tristes o porque estáis contentos.
Pero, sobre todo, leed con vuestro propio criterio. Dejad que sean vuestros propios gustos los que os hagan elegir un libro u otro. Leed este o el otro libro sin importar lo que digan de él los demás, si os apetece leerlo. Cread vuestra propia lista de libros imprescindibles. Leed a contracorriente a veces, o siempre, aunque nadar en ese sentido cueste mucho más, pues solo así seréis felices con vuestras lecturas.
Cristina Monteoliva

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