lunes, 24 de julio de 2017

Entrevista: HIPÓLITO G. NAVARRO.

Queridos amigos lectores,

el maestro del cuento Hipólito G. Navarro ha vuelto con fuerza al panorama literario este año 2017, y no solo eso: ¡también se ha atrevido a contestar nuestras preguntas!
Para aquellos que no lo conozcáis todavía, os cuento que Hipólito G. Navarro nació en Huelva en 1961. Hasta la fecha, ha publicado los libros de relatos  El cielo está López, Manías y melomanías mismamenteEl aburrimiento, LesterLos tigres albinosLos últimos percances (Premio Mario Vargas Llosa NH en 2005 a mejor libro publicado), El pez volador (Premio El Público de Narrativa 2009, otorgado por los periodistas culturales de Andalucía) y La vuelta al día (XXIII Premio Andalucía de la Crítica en la modalidad de relato), y la novela Las medusas de Niza (Premios Ateneo de Valladolid 2000 y de la Crítica andaluza 2001). Por si fuera poco, durante los años 1994 y 2001 editó la revista Sin embargo, dedicada al cuento literario, y fue el responsable de la edición de los cuentos completos de Fernando Quiñones, Tusitala (Páginas de Espuma, 2003). Sus relatos han sido traducidos a diez idiomas y están recogidos en antologías del género en Europa y Latinoamérica.
Tras doce años en barbecho, Hipólito ha publicado su último libro de cuentos en 2017: La vuelta al día. Hablamos con él de este nuevo compendio de relatos, pero también de otros temas. Si queréis enteraros de todo, no tenéis más que seguir leyendo:

¿Cuándo comenzaste a escribir?
En los años de universitario, cuando tendría que haber estado estudiando con más ahínco. De ahí que me quedara en biólogo interruptus.

¿Qué autores crees que te han influenciado como escritor?
Imagino que muchos. Julio Cortázar, Samuel Beckett y Franz Kafka. Estos son los tres que al final de la adolescencia me pusieron la cabeza a mil, los que me metieron el veneno en el cuerpo.

¿Por qué escribir cuento?
Porque es el género que me permite jugar más con el lenguaje, con la forma, con las estructuras, sin perder de vista que todos esos juegos tienen que gustar y hasta emocionar a un lector más tarde.

Has vuelto al panorama literario con La vuelta al día tras muchos años sin publicar libro. ¿Acaso te daba miedo volver al ruedo, por así decirlo?
Algo de eso había. Y hay todavía. Yo tengo el sentido del ridículo muy desarrollado. En la escritura sobre todo. Me gustaban más o menos cada uno de los cuentos que conforman el libro, pero tuve durante años serias dudas en cuanto a la composición del volumen, su arquitextura, su dibujo final.



Cuentas en el prólogo de este libro que muchos de los cuentos que aparecen en él han sido reescritos a lo largo del tiempo un buen número de veces. Exactamente, ¿cuántas veces crees que hay que darle vueltas a un cuento hasta dejarlo bien pulido?
No lo sé. Depende de los cuentos. Alguno se presenta de golpe tal y como debe quedar, como si me lo hubiese dictado una parte de la cabeza más artista que las demás. Otros, la mayoría, siempre se pueden mejorar: un adjetivo, el sonido de una frase, el ritmo de un párrafo. Por eso publicar resulta a veces tan liberador, para dejar de darle vueltas a todo eso. Aun así, a veces, cuando tengo la oportunidad de reeditar, todavía meto mano en alguna esquina y limo torpezas y entusiasmos locos, lo que obviamente no significa una mejora, sino también, ay, un empobrecimiento.

También dices en el prólogo que te encanta poner títulos a los cuentos. ¿Crees que en el futuro dejarás de escribir cuentos para vender tus títulos a los amigos escritores (para sus relatos, se entiende)?
Jajá. Pudiera ser. Aunque últimamente hasta los títulos me cuestan. He tenido épocas en las que me gustaba tanto poner títulos que publicaba cuentos con título y subtítulo entre paréntesis. Uno tengo por ahí, “A buen entendedor”, con su subtítulo, y partido en dieciocho trozos, cada uno con su titulillo, así que en un solo cuento logré colocar al editor y a los lectores veinte títulos sin que apenas se diesen cuenta.

La vuelta al día, el libro, debe su título a una parte del libro y, también, a uno de los relatos. ¿Tienes alguna predilección por el número tres? ¿Y por qué titular el libro de esta manera y no de otra?
No había caído en esa triple coincidencia, la verdad. El título es un homenaje a Julio Cortázar, a uno de sus libros misceláneos, esos que él llamaba “almanaques”, y que a mí me gusta mucho, La vuelta al día en ochenta mundos. Esta última criatura mía es así, muy variada en las partes que la conforman. También el siguiente libro de Julio, Último round, tiene un carácter similar. No me hubiese importado titular el mío así también, pero ya en la compilación anterior, Los últimos percances, había amagado por ahí, y me parecían demasiados últimos ya. Vamos a dejar las cosas en penúltimas, de momento; ¿no te parece mejor?

Muchos de los cuentos de este libro están narrados en primera persona, con una voz intimista. ¿Cuánto de autobiográfico hay en ellos?
Hay demasiada autobiografía en estos cuentos, me temo. En la mitad de ellos va medianamente camuflada en las situaciones y los personajes, pero en la otra mitad, y sobre todo en la última sección, la que presta su título al libro, ahora me veo demasiado desnudo. Son muy poco pudorosas esas páginas. Lo siento, no lo he podido evitar.



¿Qué relato te ha costado más escribir? ¿Y cuál menos?
Todos los que conforman este volumen me han costado lo suyo. Excepto el último, escrito desde las entrañas, de un tirón. Con el resto me he entretenido en demasía. No me cuesta escribir mis cuentos, como te digo, pero sí el pulido posterior, el peinado y repeinado, vestir de limpio la primera redacción, demasiado arrebatada e intuitiva casi siempre.

¿Cuántos relatos quedan en el cajón para el siguiente libro?
Todavía hay algunos, una docena larga o dos. Pero me temo que bastante asilvestrados, inservibles quizá, más útiles para prendedores de chimenea que para conformar con ellos un libro.

¿Qué ha supuesto para ti ganar el XXIII Premio Andalucía de la Crítica en la modalidad de relato?
Los premios son siempre un buen estímulo, y más especialmente estos a los que uno no tiene que presentarse. Me alegra que haya sido en la modalidad de cuento. Recibí este premio en el año 2000 por una novela, y sentí entonces que había traicionado a mi género preferido. Es como haber arreglado por fin aquel entuerto.

Hay quien piensa que la buena literatura está reñida con el humor. Sin embargo, casi todos los relatos de este libro hacen que el lector sonría, cuando no se ría a mandíbula batiente. ¿Qué les dirías a esos que solo ven el drama en las letras?
Que se equivocan, y que se pierden una de las vertientes más ricas y placenteras de la literatura. El humor no está reñido con la seriedad, sino con el aburrimiento. Se pueden tratar asuntos muy serios con el humor, desde el humor. Esos relatos que hacen reír en mi libro, apenas escarbes en ellos, verás que están cargados con algunas tragedias y amarguras bien gordas, que yo no hubiese sido capaz de abordar sin la protección que me proporciona el humor. ¿Crees que podría haber tratado del alcoholismo y el suicidio de mi padre cuando yo era un niño sin esa especie de coraza que me da el humor? Hubiese sido imposible; demasiada tristeza, demasiado dolor lo hubiera ahogado todo.
  


Por cierto, del alcohol se sale, pero, ¿y de la literatura?
Algunos salen, sí. Mi padre, por desgracia, no pudo. Su muerte recién cumplidos los 46 años fue la que me hizo meterme a mí en el veneno de la escritura. No sé si quiero salir de él del todo. Quizá se pueda escapar de la escritura. De la literatura, de la lectura, ojalá no pueda salir nunca. Es la lectura la que nos salva. Los libros de los otros me han salvado siempre de mí mismo y de la realidad.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en La vuelta al día?
Espero que pasen un buen rato con su lectura. Ojalá algunas de sus piezas les hagan reír y pensar al mismo tiempo.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
De momento me dejo ir, como en los últimos doce o catorce años. Leer, lo que más deseo es leer, ocupar todo mi tiempo con la lectura. Sé que a la vez, poco a poco y casi sin querer, me irán naciendo algunos cuentos, y que también iré corrigiendo las piezas antiguas que me acompañan desde hace tanto. ¡Quién sabe; lo mismo en otros doce años acabo cerrando un artefacto parecido a este último, y volvemos a charlar de nuevo como hoy!

¿Te gustaría añadir algo antes de acabar esta entrevista?
Sólo darte las gracias por ella, y también por todo lo que vienes haciendo por las letras de este país desde hace mucho con tanta generosidad. Y dar las gracias, claro, a los lectores que nos acompañaron hasta esta línea final. Sin ellos, sin los lectores cómplices, los cuentistas no somos nada. Los novelistas todavía… pero los cuentistas…, los cuentistas no existimos sin esta complicidad.

Muchas gracias a ti, Hipólito, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. También por valorar mi esfuerzo (créeme: tampoco es para tanto). Espero que no vuelvas a dejarnos a todos tantos años sin saber de ti, ¡ya has visto cuánto se te ha echado de menos en el panorama literario!
Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar de nuevo ahí al otro lado un día más. Y ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

Reseña: LA VUELTA AL DÍA, de Hipólito G. Navarro.

Título: La vuelta al día
Autor: Hipólito G. Navarro
Publica: Páginas de Espuma
Páginas: 233
Precio: 17 € / 5,99 € (ebook)

Aunque nos encante descubrir nuevos autores, echar de menos a aquellos que sabemos que hacen más grande un género u otro siempre resulta inevitable. El vacío se agranda con cada año que nos dejan sin publicar algo nuevo, y cuando por fin lo hacen, todas las miradas se dirigen hacia su libro. Podríamos poner muchos ejemplos para ilustrar este asunto, pero esta reseña va sobre La vuelta al día, el nuevo libro de Hipólito G. Navarro, uno de los grandes cuentistas españoles que, tras bastantes años sin publicar, por fin lo ha vuelto a hacer en 2017. Si queréis saber qué ofrece su libro, no tenéis más que seguir leyendo este artículo.
La vuelta al día es un extenso libro de relatos, bastante variados, compuesto por un total de veintiún textos, y que debe su nombre tanto a uno de sus relatos como a una parte del mismo libro.
Hipólito G. Navarro parece un hombre más dado a buscar buenos títulos para sus obras, pasarse años corrigiendo relatos o leyendo en el sofá, (mientras sus incondicionales le piden un nuevo volumen de cuentos) que a escribir prólogos. Sin embargo, el grueso de este libro viene precedido de uno escrito por él mismo, Doce años en barbecho, en el que explica ya no solo por qué ha tardado tanto en publicar un nuevo libro tras la aparición en el mercado hace doce años de su anterior compilación de relatos, Los últimos percances, sino el sentido de las distintas partes en las que se divide esta nueva obra.
La primera parte de este libro se titula Ángeles de la guarda y está dedicada a todos y a todo los que hicieron de ángel de la guarda en algún momento de su vida, y por distintas razones, a los distintos narradores de los tres cuentos que la componen. Así, en El infierno portátil (una accidentada iniciación a la lectura) el que recibe la visita de un providencial ángel de la guarda es un niño cuya existencia podría haber sido muy gris sin la ayuda de los libros; mientras que en La nota azul, ese niño se convierte en adolescente y ve en la figura de un amigo mayor un ángel guardián que le descubre un mundo nuevo; y en Nahir, el autor inminente y el localizador, el niño, ya adulto y de profesión escritor, se enfrenta a sus medios gracias a la ayuda de su ángel protector.
La segunda parte de La vuelta al día se titula En el fondo de la memoria y está compuesta por una serie de cuentos muy queridos por el autor que llevaban mucho tiempo almacenados, reescritos una y otra vez, hasta que por fin se ha decidido a publicarlos. Yo diría, exceptuando el último relato del bloque, titulado precisamente En el fondo de la memoria, que este es el apartado de las relaciones imposibles, de corte tragicómico, en el que el lector no puede evitar reírse (Ligamentos, Las estampas del timo, Verruga Sánchez y La excusa termodinámica), si bien alguna vez pueden la cosa puede ser más seria y acabar en verdadera tragedia (como En el fondo de la memoria, un relato muy negro). En Mire, no estoy para bromas, el último relato de esta tanda, sin embargo, no nos encontramos ningún tipo de relato de pareja, sino a un hombre solo, desesperado, que no sabe cómo encajar en el mundo.
Dice el autor de la tercera parte de este libro, Los artistas cautivos, que se trata de una sección compuesta solo por cuentos independientes, aunque mirándolos pudieran, a mi forma de ver, encajar en otras de las secciones de este libro. También se puede encontrar una relación entre ellos, dentro de este apartado. Por ejemplo, las acciones principales de Los artistas cautivos, Tantas veces huérfano y Rifa tienen lugar en el mundo rural, si bien el primero de ellos es una historia divertida y disparatada y las otras dos, las dos versiones en realidad de un mismo hecho, son bastante trágicas. Por su parte, Balance, va totalmente por libre, siendo, como es, un relato breve que invita a la reflexión del lector sobre lo centrados que estamos cada uno en lo nuestro y lo poco dados que somos a prestar atención a otras cosas.
Cuidado con quién se junta es una sección en el que tienen cabida los relatos históricos, las inspiraciones ajenas, la metaliteratura, etc. En esta sección encontramos los títulos Mucho ruido y pocas nueces (unos preparativos) (un relato que nos transporta a las bambalinas del teatro), Luisito Tristán, pintor de fondos (la curiosa historia del enamoradizo discípulo del Greco) y Los otros Tiresias y Claricea (Variaciones porno eróticas sobre una obsesión astriciliana) (un divertido relato erótico).
Y por fin llegamos a La vuelta al día (Texticulario íntimo para incondicionales), el apartado que contiene los textos más personales del autor. Este último bloque temático comienza con Los K, una historia que nos habla de un autor que no se lleva muy bien con su ordenador. En Puentes, acueductos, el autor nos traslada de nuevo al mundo rural para contarnos las divertidas costumbres de un pueblecito. Una infidelidad. Puntos de fuga, coordenadas, también nos habla de un pueblo: aquel en el que una pareja pasan el fin de semana. No es la misma pareja que en La vuelta al día. La del relato que da título a este libro es una muy observadora, que se da cuenta de que todo, en realidad, es cíclico. Por último llegamos a La poda y la tala de los árboles frutales, el cuento que nos habla de cómo el narrador llegó, de forma tan curiosa y triste, a la lectura.
La vuelta al día, en definitiva, es un libro que nos ofrece un buen puñado de buenos relatos llenos de creatividad, tanto por su prosa como por su temática, a veces trágicos aunque mayormente divertidos, muchos de ellos con tintes autobiográficos, que nos demuestran que a veces es bueno dejar que un autor se tome su tiempo a la hora de volver ofrecer un trabajo al mundo, pues solo así el resultado final no solo será muy grato para sus incondicionales sino para nuevos lectores, como yo misma. Por eso os animo a todos, amantes del buen cuento, que os acerquéis en cuanto podáis a este libro lleno de historias cercanas, situaciones increíbles y momentos para la reflexión. Un libro con identidad propia que, sin duda, os dará mucho en lo que pensar y grandes momentos de diversión. ¿Seguro que os lo queréis perder?
Cristina Monteoliva



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domingo, 23 de julio de 2017

Reseña: UN PIANO PARA LOS MASÁIS, de Miguel Ángel Moreno

Título: Un piano para los masáis
Autor: Miguel Ángel Moreno
Publica: Roca Editorial
Páginas: 400
Precio: 18,90 € / 7,99 € (ebook)

¿Te gustan las historias que tienen lugar en el África de hace un siglo? ¿Anhelas leer una novela de aventuras llena de pasión y conflictos? ¿Quieres saber, además un poco más sobre la historia de la África colonizada por los europeos poco antes de que aquellos países consiguieran la independencia? Si has contestado con un “sí” a todas estas preguntas, tal vez deberías echar un vistazo a Un piano para los masáis, la novela de Miguel Ángel Moreno.
Tras la muerte de sus padres, los hermanos Kast han heredado un capital que Bertram, el temperamental hermano mayor, ha de preocuparse por administrar. Durante la celebración de una fiesta en casa de unos amigos, Frank, el hermano menor, le comunica a Bertram su intención de dejar Baviera para viajar hasta Tanganica, lugar en el que pretende invertir todo el dinero familiar en las plantaciones de algodón. Aunque Bertram se muestra en principio muy contrario a la idea, pronto decide seguir a su hermano con tal de protegerle en su nueva aventura. En este viaje les acompañarán la esposa de Bertram, Jocelyn, la única capaz de calmar su fiera interior gracias a la música de su piano, y Gerdi, la alegre joven que se casa con Frank poco antes de embarcar rumbo a África. Aunque la mala salud de Jocelyn hace presagiar un final trágico cercano para ella, pronto la muchacha da signos de ser mucho más fuerte de lo que parece: la más capaz para hacerse cargo de la finca cuando los hermanos Kast desaparecen de la vida de las mujeres, tal vez para no regresar jamás.
Esta historia comienza con un prejubilado alemán, de nombre Leopold, que recibe la carta de su tío desde Tanganica. Aunque sus amigos intentan persuadirle para que no viaje al continente para traer de vuelta a su tío, como este quiere, Leopold, aburrido de su vida, decide ir hasta allí. Una vez en la casa de su tío, se encuentra con que este, lejos de querer volver a una casa que le queda ya muy lejana, lo que pretende es contarle la verdad de lo que pasara en aquellos años en los que aún vivía su padre. A Leopold no le quedará más remedio que escuchar la narración hasta el final, aunque sepa que lo que su tío tiene que contarle no le va a gustar en absoluto.
Bertram Kast, el anciano narrador, ha sido siempre un hombre temido por todos a causa de su temperamento, aunque no pueda decirse que antes de llegar a África y tener que embarcarse en mil y una luchas hubiera cometido ningún crimen o mínimo acto que pudiera hacer pensar que fuera realmente peligroso. Incapaz de elegir entre el cariño de su hermano o el de su esposa, decidió arrastrar con él a esta última hasta África. Solo ella y su música calmaban sus nervios, por lo que no podría dejarla en Baviera, por mucho que el médico así lo recomendara. Una vez en África, sin embargo, todo se complicaría: su hermano se dejaría influenciar por un tipo de dudosa moralidad y Jocelyn comenzó a sospechar que en realidad no la quiere. Bertram, debió luchar por mantenerlos a todos a salvo a toda costa. Incluso cuando eso significaba perderlos a los dos.
Un piano para los masáis es la historia de un hombre que ha de luchar contra sus demonios y es incapaz de hacer entender a los suyos el amor que les procesa; pero también un libro en el que vivir de cerca la historia de la descolonización de la parte de África que una vez fuera tomada por los alemanes. Aunque algunos nombres sean ficticios, las batallas fundamentales y las fechas han sido respetadas, por lo que el lector, gracias a este libro, podrá llega a entender lo convulsa que fue aquella época, la opresión a la que estaban sometidos los nativos y lo ineludibles que fueron todas aquellas luchas.
Un piano para los masáis, en definitiva, es un libro de pasiones, personalidades caprichosas, acción y empresas imposibles, pero también una novela histórica diferente que nos traslada a la época final de las colonias africanas. Una combinación interesante que tal vez deberías animarte a conocer. ¿O es que acaso tienes miedo de la fiera que lleva dentro Bertram Kast?
Cristina Monteoliva



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sábado, 22 de julio de 2017

LECTORES A CONTRACORRIENTE

Acabo de volver de unas merecidas vacaciones. He estado fuera, conociendo mundo, comiendo sin parar y pasando de una estación a otra conforme cruzaba las fronteras de Europa. He pasado muchas horas en coche durante los cinco días que ha durado mi pequeña aventura. También he cogido el avión dos veces. Hacía casi dos años que no volaba. Es bastante tiempo, aunque no creo que las cosas hayan cambiado mucho desde que lo hiciera la anterior a esta. Las colas siguen siendo insufribles; los precios, tanto en el aeropuerto como en el avión, un auténtico robo; y yo sigo eligiendo lecturas muy diferentes a las de los otros viajeros. Y es que mientras la mayoría eligen bestsellers ligeritos, libros gruesos de fácil lectura, yo suelo ir con volúmenes poco pesados que, sin embargo, dan para mucho que pensar. Leo narrativa literaria que me requiere poner todos los sentidos en la lectura (y me hace odiar a los pasajeros que hablan demasiado alto) y dejo las lecturas más relajadas para cuando estoy de vuelta en casa. Así consigo que el viaje no solo resulte mejor, sino también, algo inolvidable.
Creo que soy una lectora a contracorriente, y no solo por lo que os acabo de contar. También tengo otras costumbres que se salen de lo que hace “la gran mayoría”. Por ejemplo, cada vez que alguien dice que es fundamental, totalmente imprescindible, imperdonable, no leer tal o cuál libro, yo decido automáticamente no leerlo jamás o al menos no durante un buen tiempo. Todo esto de los libros fundamentales me parece muy relativo (a no ser que estés estudiando carreras que te exigen leer algunos de ellos, o todos, como Literatura Comparada, Filología Hispánica, Filología Inglesa, etc). Creo que cada lector debe encontrar su lista de libros importantes, una lista propia: única. En esa lista puede haber clásicos, contemporáneos, libros que a ojos de otros pueden ser infumables y títulos que ningún otro parecerá conocer. Libros, en definitiva, que aporten algo al que los elige, que le hagan aprender, reflexionar o simplemente desconectar del mundo en el que vivimos.
Una vez estuve en una conferencia sobre Vampiros impartida por un profesor muy versado en la materia. Antes de comenzar, el ponente nos dijo, muy serio y convencido, que el que no hubiera leído Drácula, de Bram Stoker, debía dejar inmediatamente la sala. Yo no lo había leído entonces, pero no me levanté del asiento. Drácula es una gran novela de vampiros, como pude comprobar cuando la leí unos años después, pero no hace falta conocerla para que te gusten los vampiros. Existen muchas otras novelas, cuentos, películas, cómics, series, ensayos sobre el tema. Y la conferencia ni siquiera iba sobre el libro, sino sobre los vampiros en la cultura europea a lo largo de los años, así que, ¿para qué irse antes de ver si lo que decía aquel experto era comprensible o no para mí?
Los libros que están muy de moda tampoco me atraen, a no ser que yo sea de las primeras personas en leerlos. No solo hablo de bestsellers. El libro de narrativa literaria que este año está siendo todo un éxito, por ejemplo, a mí me da un poco de miedo. Seguro que a mí me daría por buscarle todas las faltas, o no conectaría con el mensaje del autor. Intento convencerme de echarle un vistazo a ese libro en concreto, pero al final no me atrevo. En este sentido, creo que soy demasiado puntillosa, demasiado crítica en los momentos en los que igual debería relajarme y simplemente decidirme a leer, si acaso el libro en cuestión me llama la atención.
Qué curioso que una persona que recomienda libros os cuente todo esto, ¿verdad? ¿Un poco contradictorio, tal vez? Puede ser. Yo hablo de libros que quizá os puedan gustar, de obras conocidas o no tanto que tal vez os hagan pasar un buen rato como lectores. Intento daros a elegir entre géneros distintos, historias muy diferentes, formatos diversos. Vosotros sois libres de hacer caso a mis recomendaciones o de no hacerlo, de compartir mis gustos o de odiarlos a muerte. En todo caso, leed. Leed lo que todos quieren o lo que nadie elige. Leed en la playa, en el despacho o en el tren. Leed de noche. Leed de día. Leed porque estáis tristes o porque estáis contentos.
Pero, sobre todo, leed con vuestro propio criterio. Dejad que sean vuestros propios gustos los que os hagan elegir un libro u otro. Leed este o el otro libro sin importar lo que digan de él los demás, si os apetece leerlo. Cread vuestra propia lista de libros imprescindibles. Leed a contracorriente a veces, o siempre, aunque nadar en ese sentido cueste mucho más, pues solo así seréis felices con vuestras lecturas.
Cristina Monteoliva

jueves, 20 de julio de 2017

Reseña: GILDA EN LOS ANDES, de Fernando Marañón.

Título: Gilda en los Andes
Autor: Fernando Marañón
Publica: Berenice
Páginas: 413
Precio: 19 €

¿Eres un cinéfilo empedernido que visualiza con nostalgia los grandes clásicos de la gran pantalla en blanco y negro o tecnicolor? ¿Te gustaría vivir una aventura como aquellas que se vivían en el cine de antes, con intrigas, viajes, paisajes y giros inesperados? ¿Y si además pudieras hacerlo sin moverte de casa, la playa o el autobús que te lleva a tu próximo destino turístico? Dejémonos de preguntas: si has respondido con entusiasmo a las anteriores, tu libro puede que sea Gilda en los Andes, la novela de Fernando Marañón de la que os hablaré a continuación.
Antón Requena no soporta ver el cierre de la Filmoteca de Cádiz, institución que dirige desde hace años. Por eso, antes de que sus amigos y compañeros sepan la triste noticia, pone rumbo a Noruega con el fin de sorprender con una última película guardada en el festival cinematográfico que se celebra en TromsØ. Contemporáneamente, un famoso director danés fracasado se dirige, por órdenes del servicio secreto de su país, hacia Roma, con el fin de hacerse con un importante lote de objetos pertenecientes al rey Alfonso XIII en una subasta. El destino de ambos, cinéfilo y director, se cruzará por culpa de una película que muchos codician. Pero, ¿por qué la buscan? ¿Qué misterios ocultan sus fotogramas? ¿Serán acaso ambos hombres capaces de revelar el misterio y salir indemnes al final?
Antón Requena, uno de los protagonistas de Gilda en los Andes, es un cinéfilo empedernido desde la infancia, cuando su padre le introdujo en el mundo del cine y su tío, un actor secundario de reputada fama, comenzó a regalarle películas. La Filmoteca de Cádiz ha sido desde hace años una parte muy importante de su vida, y su cierre se le hace tan insoportable, que no es capaz ni de dar la noticia a sus compañeros de trabajo y amigos. Desesperado y con un plan final, Requena pone rumbo a Noruega, el país de su madre. Allí no solo se encontrará con otros fanáticos del buen cine, sino también con una hermosa mujer y un gran misterio por resolver.
Por su parte, el director de cine danés, del que no sabemos su nombre, es un hombre también derrotado. En su caso, su carrera se ha venido abajo tras unas cuantas malas películas, y ya solo le queda el que todo el mundo que se lo encuentre por la calle le compare con Lars von Trier, el otro director danés famoso. El director no tiene ninguna gana de viajar por toda Europa mientras su mujer rueda, sin su consentimiento, la última y provocativa película de von Trier. Pero el servicio secreto danés es demasiado persuasivo y a él no le queda más remedio que llegar hasta Roma, en busca de las pertenencias de Alfonso XIII, para pronto darse cuenta de que los espías pagados por su gobierno le han metido en un embrollo del que le será muy difícil salir.
Gilda en los Andes es una novela hecha desde el amor al cine de su autor, Fernando Marañón. Las referencias a anécdotas de todo tipo, películas, actores y directores son continuas, de forma que a veces olvidas que estás leyendo una obra de ficción y crees encontrarte ante un concienzudo (aunque distendido) ensayo. Por otra parte, el ritmo de la narración y los lugares que sus personajes recorren (los bares de todo tipo, Roma, Madrid, Cádiz, distintas localidades de Noruega, etc) resultan tremendamente cinematográficos. Por si fuera poco, sus protagonistas, dos heroicos perdedores, recuerdan bastante a aquellos galanes de las películas clásicas en blanco y negro, o de las primeras cintas a color. ¿Se atreverá algún director a adaptar esta novela a la pequeña o a la gran pantalla?, me pregunto tras la lectura.
Gilda en los Andes, en definitiva, es una novela con la que aprender de las películas de Buñuel, Rossellini, Sara Montiel, Orson Welles, Ava Gardner y muchos más actores y directores famosos, y con la que vivir una aventura llena de peligros, acción, misterios y giros inesperados al ritmo frenético de las obras clásicas del cine internacional. Si eres un nostálgico del cine, si visualizas con melancolía las películas de antaño, tal vez este sea tu libro. ¿A qué esperas para comprobarlo?
Cristina Monteoliva



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jueves, 13 de julio de 2017

EL FANTASMA DE LOS VERANOS DE MI INFANCIA.

Nos gustaba pasear cuando llegaba la noche. Casi siempre por la playa de San Cristóbal. Era una sana costumbre adquirida en un tiempo en el que solo había dos cadenas de televisión, las sillas del cine de verano eran incómodas (me cuentan que lo siguen siendo), no existían los teléfonos móviles e internet quedaba todavía lejano. ¿Monótona? ¿Aburrida? Claro que no. Las conversaciones nunca eran las mismas, tampoco las pequeñas distracciones que encontrábamos por el camino: los puestos de bisutería, los de juguetes infantiles, los de ropa fresquita y veraniega… Y, por supuesto, los de los libros.



Creo que alguna vez hubo una feria del libro en Almuñécar. Probablemente fuera aquello que montaron en la plaza de la Constitución (la del ayuntamiento) cuando yo estaba en el instituto. Si lo recuerdo vagamente es porque unos compañeros y yo ganamos, gracias a algún tipo de trabajo de clase, unos vales para adquirir libros en la plaza. Puede que aquella tradición durara más de un año. Puede que yo entonces no le hiciera mucho caso a las ferias del libro. Puede que para mí la época de ver libros en puestos no fuera aquella, sino el verano, cuando llegaban los del paseo de San Cristóbal y me pasaba las noches mirando y remirando títulos. Yo por ahora no tenía mucha idea de literatura (muchos diréis que ahora tampoco) y me guiaba por las portadas, las sinopsis y poco más. Me gustaban las novelas de misterio y aquellas que pudieran dar un poco de miedo (o mucho; yo por aquella época me asustaba con todo). Tampoco le hacía ascos a lo que pudiera parecer un buen romance. El caso es que tardaba días y días en decidirme por un libro o por otro. No disponía de mucho dinero para gastar, y aunque aquellos libros estaban a buen precio, yo tenía que sopesar bien la inversión. ¡Quién me iba a decir entonces que acabaría con tantos libros por leer unos cuantos años después!


Un verano más, los libros han vuelto al paseo. Libros a mejor precio, incluso, que cuando yo era una niña. Libros clásicos en versión bilingüe, de misterio, de aventuras, de terror, infantiles y demás. A diferencia de antaño, ahora el puesto abre también en horario diurno. Hay que aprovechar que el pueblo está lleno de veraneantes para ver si cae una venta. La gente se para y mira con calma los títulos. Algunos compran. Yo me acerco y compruebo que muchos títulos son los mismos del año pasado: obras que parecen hechas solo para este tipo de negocios y libros que las editoriales quieren liquidar como sea. Algunos títulos nuevos se van incorporando cada año. Me resulta divertido, por ejemplo, encontrar el libro de un famoso presentador que presumía de vender sus libros como rosquillas. Se conoce que hubo muchas ediciones de su obra, sí, pero que la última hay que venderla de esta manera. ¿Es triste? No lo creo. Muchos de los libros que veo por el puesto merecen ser leídos, la mayoría, y si además sus lectores los pueden conseguir a 3 ó 4 €, ¡estupendo! Otro día también irán a la librería a comprar novedades, si es lo que les apetece.
Miro a la gente que compra libros en el puesto con nostalgia y envidia. Nostalgia, porque ya pasó aquella época en la que yo me ilusionaba cada noche pensando en que iría a ver libros a los puestos de entonces; envidia porque hace tiempo que apenas puedo leer en verano de aquella forma tan relajada de entonces. Cuando eres reseñista, no existe el otoño, el invierno, la primavera o el verano: todas son estaciones en las que se lee y se habla de lo leído. Llega el mes de agosto y tú no piensas en leer un rato en la playa, entre baño y baño, como si fuera algo extraordinario. De hecho, si te llevas un libro a la playa, tendrás que leer al menos unas cuarenta páginas, y si no, te sentirás culpable por ese libro, que espera tu reseña seguro desde hace algún tiempo, y por todos los demás, que se han quedado en tu escritorio, escuchando a los niños del hotel de enfrente gritando en la piscina.




Lo cierto es que con tanto libro que tengo por revisar, no debería tener ganas de pararme ante anda que tuviera que ver con ellos. Y, sin embargo, cada vez que veo de lejos el puesto de los libros, vuelvo a los veranos de mi infancia. A los paseos, a los helados, a las pipas. A los primeros libros descubiertos en aquellas estupendas noches de verano en aquellos puestos del paseo de San Cristóbal. ¡Ah, qué maravilloso es este fantasma de los veranos de mi infancia! 

lunes, 10 de julio de 2017

Reseña: LA PANTUFLA DE SAFO Y OTROS CUENTOS (El amor cruel a través de los tiempos), de Leopold Sacher-Masoch.

Título: La pantufla de Safo y otros cuentos (El amor cruel a través de los tiempos)
Autor: Leopold Sacher-Masoch
Traducción: Máximo Higuera Molero
Editorial: Trifaldi
Páginas: 250
Precio: 16 €

«La naturaleza del amor es tal, que al hombre sabio hace más sabio, y al loco, más loco...»
      ¿Habéis amado a alguien de forma total y absolutamente incondicional?  Y cuando digo incondicional, me refiero a estar dispuesto a arriesgar tu vida y a dejarse matar, si fuese preciso, sin pedir nada a cambio. Pues ese sentimiento es el que aborda Leopold Sacher-Masoch en La pantufla de Safo y otros cuentos (El amor cruel a través de los tiempos), la colección de relatos que os traemos hoy a La Orilla de las Letras
    La Pantufla de Safo y otros cuentos está constituido por nueve relatos que transcurren en distintos momentos, desde el año 1192 hasta el 1859, y en distintas localizaciones europeas: desde la Viena del siglo XIX, en el relato La pantufla de Safo, hasta la Francia medieval del relato Lobo y Loba. Una buena forma de mostrarnos que, por mucho que las épocas, modas, formas políticas y culturas cambien, las aventuras y desventuras de los enamorados, la fascinación que produce lo que nos resulta lejano y la relación que existe entre el amor, el sexo y el poder,  son cosas que permanecen constantes a lo largo de la historia.  
        Con una narrativa clásica y simple, incluso a veces con cierto aire de ingenuidad, los relatos nos proponen historias de hombres que sienten tal amor y fascinación por una mujer que se entregan a ella, hasta llegar a la completa sumisión o incluso a dar su vida. Y hago hincapié en los hombres porque, aunque hay relatos en los que los amores son correspondidos y existe una sumisión mutua, la tónica general es que sean los hombres los que demuestran una sumisión total a una mujer, sea correspondido o no. 
No esperéis ver en estos relatos damiselas en apuros. Los personajes femeninos son poseedores de un fuerte carácter y muchos  son auténticas heroínas: esclavas capaces de darle la vuelta a la tortilla y tener a su sultán comiendo de la palma de su mano (La fuente de las lágrimas), actrices con colección de admiradores y amantes que tienen muy claro lo que quieren (como en La pantufla de Safo), por no hablar de Elisabeth Nadasdy (más conocida por su nombre de soltera, Elisabeth Bathory), protagonista del relato Fuente de Juventud.
Como decía Oscar Wilde «Todo en la vida trata sobre el sexo, excepto el sexo, que trata sobre el poder». En algunos relatos podemos leer, precisamente, como surgen esas relaciones de poder y sumisión, y como pueden evolucionar.   En La Judith de Bialopol vemos a una heroína que por salvar su ciudad, sometida a asedio, seduce al pachá Turco ofreciéndole tratar de conquistarla y no simplemente de esclavizarla.  Al fin y al cabo, quien tiene el poder de tener lo que quiere se siente sometido y encandilado por aquello que no puede poseer fácilmente, tema también que toca en el relato Lobo y Loba
Leopold Sacher-Masoch (1836-1895) fue un escritor nacido en el Imperio Austrohúngaro y que fue conocido por su naturalismo describiendo la vida y costumbres de su época. Esa tendencia a la novela histórica también la veremos en estos relatos que, con independencia de su leit motiv, están bien contextualizados históricamente. Pero lo que lo hizo aún más conocido fue su tratamiento de la sumisión muchas de sus obras artísticas, de las cuales La Venus de las pieles es la más conocida.  Tanto es así que su apellido, Masoch, dio lugar al término masoquismo, debido a que muchos de sus personajes (y se dice que el mismo autor) tenían la inclinación sexual a dejarse someter y torturar por mujeres.  
¿Agradecemos la sumisión pero nos sentimos fascinados por lo que escapa a nuestro poder? ¿Por aquello que nos es inaccesible? ¿Solemos despreciar lo que tenemos hasta que sentimos que dejamos de tenerlo?  Son interesantes preguntas que, como en los buenos libros, podremos plantearnos mientras leemos esta colección de relatos de Sacher-Masoch.
Sergio M. Planas



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miércoles, 5 de julio de 2017

Reseña: SORTILEGIO, de María Zaragoza.

Título: Sortilegio
Autora: María Zaragoza
Publica: Minotauro
Páginas: 559
Precio: 19,95 € / 9,99 € (Epub2)

Ser adolescente y sentirse diferente no es para nada algo inusual. Muchos de los que estéis leyendo este artículo seguro que también pasasteis por esa fase en algún momento. La mayoría imagino que la acabaríais. Pero, ¿y si al llegar a la universidad, por ejemplo, os dierais cuenta de que efectivamente eráis totalmente diferentes al resto de los mortales? Probablemente os sentiríais tan desconcertados como Circe Darcal, la protagonista de Sortilegio: la nueva novela de María Zaragoza de la que hoy os vengo a hablar.
Cuando Circe era muy pequeña, un desalmado mató a sus padres. A ella la encontrarían sobre el charco de sangre, cerca de los cadáveres, horas más tarde. Desde entonces, Circe ha sentido que todo el mundo la miraba como si fuera un bicho raro, a pesar de que casi nadie conocía su poder de meterse en las imágenes fotográficas y ver más allá de ellas. La salida del pueblo en el que vive con su abuela, Valdaya, supone para la joven una liberación. En Ochoa, la ciudad en la que vivió con sus padres hasta el fallecimiento de estos, no solo encontrará unos maravillosos estudios que cursar y una cama en su habitación de la Residencia de la Salud, sino también nuevos amigos, vivencias extraordinarias y un montón de secretos que se le irán revelando con el paso del tiempo. El último de ellos determinará su vida para siempre. ¿Será capaz Circe de manejar todo lo que se le viene encima?
Circe es una chica inteligente que se siente cansada de que sus vecinos la miren como si fuera la cosa más rara que hay en su pueblo, y casi como si ella misma, siendo una niña de apenas tres años, hubiera matado a sus padres. Por eso tiene tantas ganas de salir de allí y estudiar en Ochoa. La ciudad le resulta acogedora desde el primero momento. Y no solo eso: en la residencia en la que vivirá durante al menos un año hace pronto nuevas amistades. Su primera amiga será Rebeka, la pelirroja que siempre viste de verde y con la que comparte habitación. Luego llegarán Casandra, la rubia alegre; su hermana, Sibila, una ciega de armas tomar; Arturo, el chico que huele a cedro y tan atractivo le resulta; los enigmáticos Blackwell, capitaneados por la arrogante y presumida Jacinta y su misterioso hermano mellizo, Narciso, el chico de la máscara; y muchos más.
No os voy a negar que me encantan las historias de chicas que descubren que tienen poderes una vez que llegan al instituto o a la universidad. Tampoco que he disfrutado con cada nuevo descubrimiento sobre el mundo de las brujas, las envidias entre jóvenes rivales, los tríos amorosos, los lugares encantados, las fiestas glamurosas que acaban en desastre y demás situaciones que podréis encontrar en este libro. Puede que muchos de estos elementos os suenen porque hayan aparecido, de una forma u otra, en otras historias sobre brujos jóvenes. ¿Qué es lo que hace de esta novela entonces algo realmente especial? En primero lugar, os diré para convenceros de ello, que lo es por todos los elementos novedosos que encontraréis en ella (los cuáles, por supuesto, no os puedo comentar, pues me cargaría la magia de la lectura). En segundo lugar, por la maravillosa ambientación creada por María Zaragoza (la ciudad de Ochoa, el pueblo de Valdaya… Todo está tan bien perfilado, que parece real). En tercer lugar, lo es por la fuerza de los personajes, en especial de Circe, su protagonista, una chica contradictoria como cualquier adolescente, aunque valiente en el fondo. En cuarto lugar, por los valores positivos tan destacables en su trama, a saber: el valor de la amistad, el valor de la inteligencia y la bondad por encima de la mediocridad, el poder del perdón y el poder de la superación personal. Y en quinto y último lugar, pero el primero en importancia, porque Sortilegio es una novela feminista que viene a reivindicar ya no solo la injusticia que supuso la caza de brujas en su época, sino también la necesidad de ofrecer, al público en general y a los jóvenes en particular, historias que aboguen por lo igualitario, tanto desde la narrativa más realista como desde géneros que les pueden ser más cercanos, como los de la fantasía o la ciencia ficción.
Sortilegio, en definitiva, es una fantástica novela llena de magia, ideal para el público más joven, pero también para todos aquellos más mayores que disfrutáis de historias emocionantes, llenas de valores y secretos que pugnan por ser desvelados y que, cuando lo hacen, cambian para siempre la vida de los personajes. Su único defecto es que se acaba mucho antes de lo que quisieras, ¡ojalá haya una segunda parte pronto! Circe y sus amigos se lo merecen. Tanto como que vosotros, queridos amigos lectores, leáis su gran aventura en Sortilegio, una novela que os dejarán totalmente encantados.
Cristina Monteoliva



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lunes, 3 de julio de 2017

CUATRO AÑOS LEYENDO DESDE LA ORILLA

El tiempo pasa volando y ya estamos otra vez celebrando el aniversario de La Orilla de las Letras. Tendría que haber escrito este artículo el mes pasado, cuando se cumplían los cuatro años de la puesta en marcha este proyecto, pero lo cierto es que mi despiste natural, la cantidad de cosas que tuve que hacer entonces, etc, me hicieron olvidar que precisamente fue en junio de 2013 cuando decidí comenzar la andadura de este blog.
El último año ha sido un poco movidito. La ALT (ansia lectora total) se apoderó de mí, tras unos años un poco más tranquilos, en algún momento de 2016, y no me ha abandonado hasta ahora. Eso es bueno, por un lado, porque puedo ofreceros reseñas de libros más a menudo; pero malo para mi faceta como escritora, porque al final estoy como siempre: leyendo mucho más de lo que escribo. Este verano me he propuesto darle un empujón a varios proyectos que tengo a mitad y sorprenderos pronto con una nueva publicación. A ver si en poco tiempo os puedo hablar más sobre esos asuntillos.



En este último año se ha incorporado a la plantilla reseñística Sergio M. Planas. Muchos recordaréis mis anteriores artículos, post de Facebook y demás renegando de las colaboraciones, tras lo muy pero que muy quemada que acabé en mi etapa de La Biblioteca Imaginaria. Lo cierto es que con el tiempo me he dado cuenta de que algo de ayudita sí que me viene bien, y la de Sergio la agradezco mucho más, pues nos conocemos personalmente (aprendimos a leer y escribir juntos, ¡literalmente!) y tiene la suficiente paciencia como para entender que a veces me pongo histérica con todo. Muchas gracias, Sergio. Dicho esto, si alguien se anima a colaborar reseñando libros o escribiendo otro tipo de artículos, no tenéis más que avisarme y lo vemos. Advierto de que voy a ser un poco estricta con la calidad de los textos, y que no puedo manejar tantos  colaboradores como antes, pero la ayuda será bienvenida.
Al tiempo que intentábamos ofreceros más contenido en el blog en el último año, hemos procurado también llamar la atención de más de vosotros. El número de seguidores, en efecto, ha crecido tanto en blogger como en Facebook. De forma modesta, pero segura. ¿A qué me refiero con esto? Pues a que creo que la mayoría de las personas que seguís el blog lo hacéis de forma más o menos asidua. Podría hacer cosas para conseguir más seguidores, como pagar una campaña de publicidad en Facebook, cosa que me parece asequible en precio y más fiable con respecto a los sorteos, por ejemplo. ¿Por qué no me parecen fiables los sorteos, si con ellos se consiguen de pronto montones de seguidores? Fundamentalmente porque creo que la mayoría de los seguidores que se consiguen no son reales. Ayudan a aumentar la cifra, pero cuando acaba el sorteo, ¿se mantiene el interés por lo publicado en el blog? Yo creo que para algunos sí, pero que la gran mayoría de la gente se apuntaría para conseguir el libro en cuestión. Y otra cosa más sobre este asunto: precisamente porque no sois tantos los que leéis esto de forma habitual y porque es muy de agradecer vuestro interés, creo que lo justo sería hacer un sorteo para premiar a los que estáis ahí siempre, no a los nuevos, que ya os digo que no sé si se quedarán o no. Dicho esto, tampoco descarto la posibilidad de hacer un sorteo en el futuro. Porque ya se sabe: nunca digas de esta agua no beberé.

© Sergio M. Planas.

¿Qué nos depara el nuevo año? Como ya os he dicho antes, mi prioridad ahora mismo es encontrar la manera de compaginar todas mis facetas, la reseñista, la escritora y la de youtuber histérica. Tengo que intentar ofreceros buenos artículos. Tengo que intentar que POR FAVOR, ESCRIBÁIS ALGO COMO COMENTARIO EN EL BLOG DE VEZ EN CUANDO (¿se nota que necesito un poco de feedback de vez en cuando?) en vez de dejarme los comentarios en mi espacio personal de Facebook. Tengo que intentar que cada vez seáis más, pero con más ganas. Tengo que seguir diciéndoos que ahora las colaboraciones son bienvenidas. Y, sobre todo, tengo que seguir dándoos las gracias por estar al otro lado.



Para los que habéis llegado hasta el final de este artículo, os anuncio que Sergio M. Planas me ha propuesto sacar un número especial a modo de revista digital de La Orilla de las Letras y ya estamos pensando seriamente en ello. ¡Hala, ahora vas y lo cascas!