jueves, 11 de mayo de 2017

Entrevista: MAITE NÚÑEZ (II)

Queridos lectores,

tras otro buen periodo sin publicar entrevistas, por fin os traigo una nueva: la que nos ha concedido Maite Núñez con motivo de la publicación de su libro Todo lo que ya no íbamos a necesitar.
Maite Núñez es licenciada en Historia Moderna y Contemporánea por la UAB, ha cursado la licenciatura de Documentación en la UOC y el Doctorado en Periodismo en la UAB, aunque actualmente prefiera las historias de ficción.
Como escritora, Maite Núñez ha ganado diversos premios: el 1er. Premio del V Concurso Tanatocuentos (2005), Finalista del IV Certamen de Relatos Luis del Val (2007), 1er. Premio de la XXXI edición del Certamen Internacional de Narrativa Tomás Fermín de Arteta (2007), fi nalista del XXI Certamen literario de Relato corto Joaquín Lobato (2007), fi nalista del XI y del XII Certamen de Relato corto Tierra de Monegros (2009 y 2010), fi nalista del XXXVII Certamen de Relato corto Hucha de Oro (2012), 1er. Premio del V Concurso de relatos breves del Diari de Terrassa (2014) y finalista del XXV Premio de Narración breve UNED (2014). También ha colaborado en revistas y antologías.
Todo lo que ya no íbamos a necesitar es su segundo libro de relatos publicado. Si queréis saber qué nos cuenta tanto de él como de otros temas, no tenéis más que seguir leyendo:

En la entrevista que me concediste hace casi dos años hablamos de tus premios literarios, pero nunca llegué a preguntarte cuándo comenzaste a escribir. Bien, creo que es el momento de que respondas, si te apetece a esta pregunta.
Me recuerdo escribiendo desde pequeña, cuentos, poesías, reportajes periodísticos; tenía esa inclinación malsana. Hablo de mis 8 o 10 años, pero más tarde también. Lo que ocurre es que durante mucho tiempo reprimí convertir ese impulso en otra cosa porque no le daba importancia, o no sé por qué, realmente, porque no tenía tiempo, porque tenía que estudiar… Siempre había algo más importante que hacer. ¿Sería por miedo, tal vez?7
Una vez, hacia mediados de los 90, unos amigos de la universidad me propusieron participar en la elaboración de una revista literaria y ahí empecé a poner remedio de alguna forma a este tema, pero lo que escribía me parecían textos sin verdadera voz, un ejercicio de calentamiento, tal vez. Seguía sin tomármelo en serio.
El otro gran hito en mi carrera literaria (risas) es la obtención en el 2007 del I premio del certamen internacional de relato Tomás Fermín de Arteta, de cierta relevancia y bien dotado económicamente. Ahí empecé a pensar que tal vez debía dedicarle más tiempo a la escritura. Y desde entonces hasta hoy.

Tampoco te pregunté lo siguiente entonces: ¿cuáles crees que han sido los autores y las lecturas que te han influenciado como escritora?
Una es producto de lo que lee, efectivamente, y no sería justa si nombrara a unos autores o unos libros en detrimento de otros porque han sido y siguen siendo muchos. En todo caso, las devociones han evolucionado con los años y me declaro más deudora de libros concretos que de autores.
Por ejemplo, quizás no tanto como escritora pero sí como lectora, no puedo dejar de citar siempre “El amor en los tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez y “Todas las almas” de Javier Marías. Pero me interesa también casi todo lo de Ian McEwan. En un tiempo, quería escribir como Alejo Carpentier y buscaba tener la profundidad de Antonio Rabinad.
Por lo que respecta al relato, cuando lo leí de jovencita me fascinó Chéjov -cómo no-, pero encontré el cómo quería explicar las historias gracias a mis lecturas de Soledad Puértolas y de Italo Calvino. Y aunque sean tópicos, Carver, aunque menos que Cheever, Tobías Wolff, James Salter, pero también Alice Munro y Grace Paley, Richard Ford y Sam Shepard. Me siento deudora sobre todo de la escritura de Cristina Cerrada y de Marcelo Lillo, de Peter Stamm y de Gonzalo Calcedo y seguro que me dejo otros.



De igual manera se me ocurre preguntarte: ¿pensaste alguna vez que llegarías a publicar tus relatos?
Como he dicho antes, hace unos años desde luego que no. No pensaba que lo que escribía fuera merecedor de ser publicado. Por otro lado, me daba pereza la puerta fría editorial. Pero luego llegaron Facebook y otras redes sociales y pareció que se “democratizaba” el acceso a -al menos- algunas editoriales. En cualquier caso, me tuvo que convencer David Aliaga, editor de Base, para creerme que mis relatos iban a ser publicados.

Todo lo que ya no íbamos a necesitar es tu segundo libro de relatos. ¿Cómo te sientes al haber superado la barrera del primer libro publicado?
Contenta porque, sinceramente, por motivos de salud que no vienen al caso y por esa lacra de la falta de ambición literaria, después del primero, no creí que llegara a haber un segundo. Ahora que sí se materializó, el miedo estriba en las siempre odiosas comparaciones, esa expectativa algo infantil de que un segundo libro sea mejor que el primero. Al menos, el haber publicado un segundo avala el primero, es decir, fomenta la creencia de que la publicación del primero no fue azarosa ni en vano.

¿Y qué es todo lo que ya no vas a necesitar ahora que eres una escritora consagrada?
Defíneme “consagrada”. Yo soy una mujer que vive de su profesión -quiero decir, que no lo hago de la escritura-  y que se dedica a su familia. A mí me sigue haciendo falta todo, no hay nada que no necesite como escritora. Esto es un aprendizaje continuo. Se aprende de lo bueno pero también de lo malo. Tomas conciencia pronto de dónde estás y de qué puedes esperar. Hay muchas puertas que siguen sin abrirse. Yo aspiro a consagrarme en la honestidad de mi escritura, sin imposturas. Poco más. Si por consagrada entendemos contar con fama o preeminencia en el panorama literario está muy claro que no es mi caso.

Todos los relatos de este libro tienen lugar en San Cayetano, ese espacio imaginario que ya nos presentaras en algunos de los textos de Cosas que decidir mientras se hace la cena. ¿Por qué volver a este lugar?
Pues por un lado, podría decir que por pura pereza. Pero lo cierto es que el recurso a San Cayetano me ha sido especialmente útil para crear ese vínculo subterráneo que hay entre las doce historias del libro. Si en Cosas que decidir… San Cayetano ayudaba a dar cierta homogeneidad a los cuentos que se contenían, en Todo lo que ya no íbamos a necesitar ser convierte en un personaje más. En este libro, San Cayetano ha crecido: cuenta con puerto, con centro comercial, con ruinas romanas… pero, sobre todo, marca una cierta frontera entre la inclusión y la exclusión de los personajes. Así como en el libro anterior, el conflicto tenía lugar en el ámbito doméstico, en este más bien sucede en el exterior, y los personajes -unos inadaptados, en general- buscan de puertas para adentro la inclusión de la que carecen.



De izquierda a derecha: David Aliaga (escritor y editor de Editorial Base), Maite Núñez y María Dolores García Pastor (escritora).

Y dicho esto, ¿te quedan más cuentas pendientes en San Cayetano? ¿Habrá un tercer libro que nos hable de este espacio?
Siempre quedan cuentas pendientes. Y San Cayetano bien se merece albergar otras historias. Pero, de momento, no hay nada claro a este respecto.

He leído por ahí que algunos lectores no dejan de preguntarte cuándo vas a escribir una novela, cuando en realidad Todo lo que ya no íbamos a necesitar es tanto un libro de relatos como una novela fragmentaria. ¿Por qué, por cierto, elegir este formato para tu libro?
Fue una elección que surgió sobre la marcha. Yo tuve claro sobre lo que quería escribir (la ausencia, la pérdida, la orfandad entendida en un sentido amplio) cuando llevaba unos cuatro o cinco relatos. A partir de ahí, trabajé en dar la mayor consistencia posible al libro. Es obvio que en un libro de relatos no hace falta ningún tipo de traba entre sus piezas y que las historias del libro son autoconclusivas, es decir, se pueden leer independientemente las unas de las otras, pero yo necesitaba encontrar la manera de expresar (de forma contenida pero contundente) la que para mí es la peor de las pérdida. El echar a rodar esa historia subterránea que cruza de forma transversal los relatos desde el primero de ellos, hasta eclosionar en el último, fue la manera de -creo- conseguirlo. Por otro lado, el relato me permite jugar un tanto, y eso es bueno. Es dúctil y agradecido.

¿Qué relato te ha costado más escribir de todos los de este libro y por qué?
Desde el punto de vista emocional, probablemente los dos últimos (“Hijo mío. Niño mío” y “Parábola en el aire”). Desde el punto de vista técnico posiblemente “Alguien que cuide de ti” es el que me dio más problemas.

¿Puede decirse que te has basado en algún hecho real a la hora de escribir alguno o varios de estos cuentos?
En el tipo de escritura o de historias que yo abordo siempre hay material autobiográfico o de acontecimientos que he conocido de cerca, pero ni todo lo que se explica me ha sucedido ni todo es inventado. Una se alimenta de lo que sucede alrededor. Yo repito mucho algo que le leí una vez a José Luis Sampedro, sobre que el escritor debía ser “minero de sí mismo”, es decir, que debía bajar diariamente a la mina de uno mismo para buscar material a partir del cual escribir. Se parte siempre quizás ya no tanto de hechos conocidos o vividos como de sensaciones o emociones experimentadas. Yo escribo de lo que me preocupa, de lo que me hace daño, haya sucedido en la realidad o no.
  


¿Con qué personaje, de todos los que los lectores van a conocer en Todo lo que ya no íbamos a necesitar, te sientes más identificada?
Pues con muchos de ellos. Me siento próxima a la Marina de “La octava plaga” y a la madre de “No tengas miedo”. Quizás sea más fácil acotar aquellos con los que una querría pensar que tiene menos que ver, como el hijo de “Es por tu bien” o la madre controladora y chantajista de “Buonasera, signora Campbell”.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en Todo lo que ya no íbamos a necesitar?
Cada lector es un mundo, así que supongo que cada uno de ellos puede encontrar algo distinto en el libro. Habrá quien empatice con los personajes por su escasa adaptación a la pérdida, habrá quien conecte con las madres que llenan estos relatos por su devoción (o no) por sus hijos… En general, me gustaría que el lector no saliera indemne de la lectura de estos cuentos. Algunos reseñistas han hablado de heridas, de cicatrices, de escozor, de bofetada. Me conformo con que no dejen indiferente.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en mente?
Me sigue dando algo de vértigo hablar de proyectos literarios. No sé qué va a ser de mí mañana. Necesito escribir como forma de estar en el mundo, así que escribo lo a menudo que puedo y será la propia escritura, al pasar de los días, la que me indicará a dónde me llevan sus pasos. Lo que estoy haciendo apunta en dos direcciones, en todo caso: más relatos y, tal vez, una historia que requiere de una extensión mayor.

¿Te gustaría añadir algo más antes de acabar esta entrevista?
Claro. Ahora -como hace dos años- te agradezco tu atención, la visibilidad que me concedes con esta entrevista y tu lectura del libro. Y, sobre todo, tu labor al frente de La orilla de las Letras.

Muchas gracias a ti por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. Espero que el mundo de San Cayetano dé mucho que hablar y pronto te veamos publicando un nuevo libro.
Y a vosotros, amigos lectores, muchas gracias por estar una vez más al otro lado de la pantalla.

Cristina Monteoliva

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