martes, 28 de marzo de 2017

Entrevista: MARÍA ZARAGOZA (2017)

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

Volvemos con la sección de entrevistas con una que recientemente me ha concedido la persona a la que creo que más veces he entrevistado desde que escribo reseñas: María Zaragoza.
Para los que aún no la conozcáis, os contaré que María Zaragoza, a sus treinta y pocos años, escritora tanto de poesía como de cuento y novela, cuenta ya con una extensa carrera literaria a sus espaldas. Ha sido galardona con el Premio Ateneo Ciudad de Valladolid, por su novela Los alemanes se vuelan la cabeza por amor (2011); el Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla, por su novela Dicen que estás muerta (2010); el Premio de relato de Arroz negro del BCN Week (2010); el Premio “El Buscón” en el XXX Certamen Poético de la Orden Literaria de Francisco de Quevedo de Villanueva de los Infantes (2010).
María Zaragoza se encuentra actualmente promocionando su última obra publicada: Diario imaginario de la mujer tigre. Hablamos con ella de este libro, pero también de otros temas. Si queréis saber cuáles, solo tenéis que seguir leyendo:

El motivo principal de nuestra última charla en La Orilla de las Letras fue la publicación de tu novela Avenida de la luz, una historia de terror urbano con tintes juveniles. Tras publicar ésta y varias novelas más anteriormente, tu último libro publicado, sin embargo, es un compendio de artículos escritos en prosa poética, a manera de memorias: Diario imaginario de la mujer tigre. ¿A qué se debe este cambio de rumbo en tu carrera?
En realidad no es un cambio de rumbo. El tigre lleva acompañándome desde que a los tres años una amiga me trajo de Japón unas zapatillas con la forma de ese animal. Yo era una niña muy obediente, pero si quería hacer trastadas me ponía esas zapatillas y ya la trastada la había hecho el tigre, no yo. He escrito innumerables entradas en ese diario de la mujer tigre, los que aparecen en el libro son los que tienen una entidad propia, los que se aproximan a la idea de cómo nos enamoramos de las relaciones tóxicas, la gente que es capaz de domar a nuestro tigre, y cómo es posible liberarnos de ellas abriendo la jaula. Tanto la editora Carmen Moreno como yo consideramos que era importante hablar de eso. El resto no creo que fuese publicable, es corriente de pensamiento. Soy yo, no es literatura.
  


Hablando de tu carrera, ¿crees que lo estás teniendo más difícil por ser mujer?
Las mujeres en general, no es una cuestión del mundo literario, tenemos que trabajar el doble para que nos tomen en serio la mitad. Aunque es una suerte que la cosa empiece a cambiar, no debemos dejar de pelearlo o concienciar de cosas tan peligrosas como, y pongo ejemplos reales y no por ello malintencionados, presenten a todos tus amigos escritores con nombre apellidos y curriculum y a ti sólo por el nombre de pila aunque tengas mejor curriculum que ellos, o se considere que porque una mujer escriba un mal libro eso nos de mala prensa a todas las demás. Esa idea muy extendida de que a las mujeres no se nos toma en serio porque “hay mujeres que hacen tal o cual estupidez” debe cambiar a la voz de ya porque es, para empezar, ridícula. Cada vez que alguien me dice: “es que algunas escritoras que hacen libros malos o comerciales, o con temáticas que no interesan (a los hombres, supongo, que son los que deciden qué es interesante) os hacen un flaco favor a todas las demás”, mi respuesta es la misma. Todavía se publican más hombres que mujeres, al menos en España, por estadística debe haber más hombres que mujeres escribiendo y publicando libros espantosos que no afectan por arte de magia a todos los demás hombres. ¿Por qué entonces lo que una escritora mala empaña lo que hacemos las demás mujeres? ¿Somos acaso las mujeres un ente completo y viscoso que hace siempre las mismas cosas y que si mete la pata la mete en general? Se debe dejar de pensar que la mujer es algo abstracto, místico o mágico. Somos la mitad de la humanidad, debemos tener los mismos derechos y deberes y las cosas que nos interesan o a las que aspiramos no son las de un gueto. No se nos puede definir con una generalidad. Somos la mitad, no una minoría. Tampoco somos intelectualmente menos capaces ni nuestros intereses han de ser de segunda. Hasta que no cambiemos estos conceptos no cambiará nada, por desgracia. Ni en el mundo literario, donde sé que tengo el acceso más difícil a ciertas cosas que mis compañeros con capacidades equivalentes, ni en el mundo en general. Por otro lado, como nos han educado para que nuestros intereses sean de segunda necesidad, el abandono de los sueños literarios es mucho mayor en mujeres que en hombres: más obstáculos en el camino y más educación para el sacrificio es una combinación mortal. Hoy en día, pleno siglo XXI, todavía asesoro a chicas jóvenes que empiezan en esto y me dicen que piensan en ponerse un seudónimo para que se las tomen en serio, ojo, en el año 2017. Se me rompe el corazón. Eso es un síntoma de una enfermedad que hay que empezar a atajar ya. Reconozco que nunca he creído que yo sea peor que un hombre en mis mismas circunstancias y si sigo aquí es por esa creencia, pero me han pasado todo tipo de cosas que invitan a hacerse un caracolillo, llorar y pensar en dedicarte a tus labores. Supongo, y eso me duele, que muchas a las que les hayan pasado cosas equivalentes habrán cejado en su empeño y no sabremos nunca qué escritoras nos hemos perdido.

¿A qué problemas crees que se encuentran las escritoras españolas actualmente (que no encuentran los colegas masculinos, quiero decir)?
Creo que he contestado más arriba y con ejemplos. Quiero dejar claro que a todas no nos pasan las mismas cosas. Pero un escritor nunca va a ser sospechoso de que se le tome “por una niña mona que escribe cuentecitos”, nunca se va a decir de él que está ahí por acostarse con alguien, nunca se le van a ofrecer cosas (que es más que probable que el que las ofrece no pueda cumplir) a cambio de —introduzca aquí lo más chungo que se le ocurra— (aquí quiero dejar claro que eso es ACOSO), siempre van a tener más posibilidades de ser considerados por compañeros porque el noventa por ciento de las recomendaciones literarias que se hacen son de títulos escritos por hombres, a un escritor nunca se le va a premiar y en la crónica del premio se va a hablar sobre todo de cómo iba vestido, etc... Pero aquí quiero señalar que no todo es culpa de compañeros y sistema, es importante que se sepa que las mujeres lo intentan menos y tienen más sensación de fracaso cuando fracasan, por lo que abandonan más. Los editores se quejan de que les llegan pocas mujeres, y lo cierto es que todavía a las mujeres se las educa para ser menos ambiciosas y se las critica más por sus fallos, por lo que si no empezamos por cambiar eso, por marcar la diferencia nosotras haciendo oídos sordos y luchando por nuestros intereses, ni siquiera podremos llegar a tener los problemas que se tienen cuando ya has publicado algo. Nuestra responsabilidad es intentarlo tanto como ellos. Rendirnos tan poco como ellos. Y luego ya nos enfrentaremos a las cosas circunstanciales que todavía tiene nuestra sociedad y que envenenan el mundo literario en la misma medida que cualquier otro. No creo que el mundo literario sea peor que otro. Creo que nos han vendido la moto de que el feminismo no es necesario ya y que vivimos en igualdad. Eso no es cierto. Hasta que no criemos niñas en las que se valore el empuje y la ambición tanto como en los niños —entre otras cosas—, no habremos llegado a eso. Y me parece que estamos lejos de conseguirlo.



El menor reconocimiento a las escritoras que a los escritores, ¿crees que se debe a las editoriales, a los medios de comunicación o a los lectores?
Se debe a muchos de los factores que he nombrado antes: el mayor abandono por parte de las mujeres, la mayor valoración de los hombres como si el hecho de serlo ya les diese una garantía, la mayor exigencia a las mujeres, el hecho de que una mujer haciendo algo mal ya se crea que enturbia a todas las demás, la forma de criar a las niñas con más exigencia que tolerancia —al contrario que a los niños— y un largo etcétera. En resumen, no es culpa del sistema literario, es un sistema social perverso que considera que el molde para definir los intereses es el de un hombre blanco de mediana edad y poder adquisitivo medio alto y todo lo que se salga de ahí es periferia, minoría y anécdota. Eso incluye los intereses de las mujeres y, por lo tanto, lo que escribimos. No es un problema del sistema literario. Es un problema social occidental. Sí, ya sé que en otros países están peor, pero eso no me da ganas de dar gracias por cómo estamos aquí ni dejar de considerar que debería cambiarse. O al menos hacer preguntas interesantes al respecto. La mayor parte de la gente que sostiene ese sistema no sabe que lo hace o no se percata de las pequeñas cosas diarias que minan nuestro acceso a ciertos reconocimientos. Incluso muchos querrían cambiarlo y ayudar pero no saben cómo. Creo que lo primero es cuestionarnos qué hacemos mal cada uno de nosotros y después actuar en consecuencia. Entre todos se puede hacer mucho. Pero será lento y llevará mucho esfuerzo.

Diario imaginario de la mujer tigre es una obra de prosa poética, como decía antes, pero también un libro de memorias muy particular. ¿En qué momento se te ocurrió escribirlo?
Durante un año difícil de mi vida, las entradas del diario del tigre que, como he mencionado antes, escribía desde hacía años las fui poniendo en redes de forma pública. Creo que mi necesidad de compartir ese espacio tan íntimo de mi vida, que no es algo que suela hacer, era en realidad un grito de ayuda. Al recopilarlo y editarlo, pensé que podría ayudar a que otra gente que se sintiera así pudiera reflejarse, identificarse, sentir el proceso, saber que, como dice mi abuela, todo tiene remedio menos la muerte.

¿Cuándo te topaste por primera vez con la mujer tigre?
A los tres años, con mis zapatillas de tigre. Me ha llevado muchos más encontrar el equilibrio entre el tigre y la mujer.

¿Por qué un tigre, por cierto?
Es verdad que porque las zapatillas eran de tigres, pero con el tiempo he llegado a la conclusión de que no podía ser ningún otro animal. No sólo porque me fascinan los felinos, sino porque el tigre tiene unas características esenciales que lo hacen ingobernable. Es un animal solitario que necesita un territorio muy amplio, peligroso, casi imposible de domar. Es la escritora que hay en mí. Ella necesita espacio, soledad, independencia, comprensión y tiene un punto salvaje que casi nadie comprende. A menudo personas próximas a mí han intentado mutilar, encerrar, cercenar al tigre. Unos se han sentido con el derecho a decirme qué creían ellos que debía o no escribir, otros me han dicho que debería ser realista y dedicarme a algo que no fuera creativo, unos cuantos se han sentido amenazados por mi éxito cuando lo he tenido. A veces el tigre ha fingido que se doblegaba, pero eso es imposible: el tigre siempre sueña con la selva. Un tigre no puede dejar de ser tigre. Mi forma de ser escritora va por delante de cualquiera que se interponga. A colación de lo que decíamos antes, me suelen acusar de ser “poco femenina” por no ceder. Pero yo no puedo evitar que para mí mi literatura sea lo primero como el tigre no puede negar su naturaleza de tigre. Una pareja puede pasar, pero la literatura es para siempre. Yo no creo que eso sea masculino o femenino. Creo que las mujeres que a lo largo de los siglos han negado su tigre —su necesidad de creación— han sido infelices. Han metido en una jaula a una bestia que debería ser libre.
  


¿Qué hay de ti en la mujer tigre?
Todo. Yo soy la mujer y el tigre, el amor y la bestia. Quien me quiera tendrá que valorar mi duplicidad. 

¿Crees que la mujer tigre podrá ser feliz algún día?
La mujer tigre es feliz en estos momentos. Supongo que lo importante es que ambas, la mujer y el tigre, estén en equilibrio. Cuando esto sucede soy feliz.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en Diario imaginario de la mujer tigre?
Me gustaría que identificasen todos los procesos de las relaciones tóxicas en las que nos embarcamos. Y no me refiero sólo a las amorosas: ese trabajo que nos esclaviza, ese amigo que se aprovecha de ti, esa familia que te juzga. Me gustaría que identificasen los síntomas y siguiesen el camino para poner remedio. Quizá es mucho pedir, estaría contenta con que disfrutasen de su literatura y sus imágenes.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?
Estoy en proceso de corrección de una novela. Aunque, si soy sincera, mi proceso de corrección acaba el día que un editor me dice que ya no puedo tocar una coma porque va a imprenta, así que no sabría decirte hasta qué punto está acabada.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Que, como siempre contigo, me lo he pasado fenomenal.

¡Y yo contigo! Como siempre, muchas gracias por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Espero que la mujer tigre siga conquistando territorios lectores y muy pronto podamos leer también esa nueva novela que estás acabando.
Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar de nuevo al otro lado de la pantalla.


Cristina Monteoliva

Reseña: DIARIO IMAGINARIO DE LA MUJER TIGRE, de María Zaragoza

Título: Diario imaginario de la mujer tigre
Autora: María Zaragoza
Publica: Cazador de ratas
Páginas: 175
Precio: 15 €

Desde pequeños, nos enseñan que tenemos que ser fuertes, que la vida es dura y los débiles no consiguen nada de lo que se proponen. Algunos lo intentamos cada día, aunque dentro de nosotros haya siempre algo a punto de romperse. Porque puede que no seamos débiles, pero sí frágiles. Personas sensibles que sufrimos por diversos motivos, la mayoría, bien justificados. ¿Y qué mejor manera de intentar sobrellevar todo lo que nos atormenta que a través de la escritura?, pienso tras la lectura del magnífico Diario imaginario de la mujer tigre, de María Zaragoza, precisamente el libro del que hoy os hablaré.
La mujer y el tigre viven prisioneros en el circo, junto a la mujer evanescente, la funambulista, los payasos y, por supuesto, el domador. El domador intenta controlar a la mujer y al tigre, sin conseguirlo nunca. Ambos son espíritus libres, tan dulces como salvajes: totalmente indomesticables. La mujer no es feliz en el circo, pero tampoco sabe cómo escapar de él. Al fin y al cabo, el circo y todos sus componentes, son parte de ella. Hasta que un día por fin su naturaleza se rebela y hace algo que lo cambiará todo, ¿para siempre?
Esta es la historia de una mujer que a veces es también un tigre salvaje. La mujer escribe, cosa que la hace sentirse realizada. A su alrededor, sin embargo, pululan personas, como los terribles payasos o el domador del circo en el que ella cree encontrarse, que la hacen sentirse desdichada. Estas personas no la entienden. Quieren enjaularla, controlar lo que escribe, incluso hacer que se dedique a otra cosa.
Diario imaginario de la mujer tigre, tal y como su nombre indica es un diario. Pero no uno cualquiera, pues aunque las entradas del mismo, un total de sesenta y cinco textos de extensión variable, se desarrollen en un orden cronológico, no sabemos exactamente qué tiempo pasa entre una y la anterior o la siguiente. Tampoco podemos saber con exactitud los hechos en la vida de la autora que provocaron cada una de las entradas, pues todo lo que aquí se cuenta ocurre en el mundo fantástico que se ha creado para protegerse y a la vez liberarse de todo lo que la angustia.
En este mundo imaginario, todo es simbólico, pura metáfora. La mujer a veces es un tigre, a veces un reflejo traicionero; otras, camina por la cuerda floja o se desvanece para siempre. En todo caso, queda claro que la relación que mantiene con el que denomina domador es tóxica, totalmente perjudicial para esta mujer de personalidad tan compleja y fragilidad tan patente. ¿Encontrará algún día alguien que la trate como merece? Yo espero que sí.
Ya que este libro es pura metáfora, algunos de los mensajes que encierran los textos que contienen son más fáciles de descifrar que otros. Que cada uno le encuentre su propio significado me parece un ejercicio de lo más enriquecedor para el lector. Lo que queda claro, sin lugar a dudas, es que la escritura de estas memorias tan personales fue parte de un duro proceso de catarsis para la autora.
La literatura autobiográfica es un género muy en boga últimamente. Diario imaginario de la mujer tigre puede encuadrarse en este género, si tenemos en cuenta que tanto lo que pasa fuera de nosotros como los mundos que viven en las mentes de los escritores son igualmente reales. ¿Es una manera menos arriesgada de hablar de uno mismo, ya que la prosa poética, las metáforas y demás no dejan ver al lector los sucesos en su plenitud? Al contrario. O, al menos, así lo pienso yo, pues María Zaragoza en este libro no solo demuestra la facilidad que tiene para crear personajes complejos y contradictorios, y su buen hacer a la hora de emplear el lirismo en la prosa, sino también de exponer al público lo más íntimo de ella misma de la forma más original posible.
Diario imaginario de la mujer tigre, en definitiva, es un libro de ficción, pero también de memorias, tan arriesgado en su forma como por los mensajes que transmite. A través de sus páginas, conoceremos no solo la versatilidad de una gran escritora a la hora de crear mundos, sino también la fragilidad de una mujer que lucha por ser tenida en cuenta en todos los aspectos de su vida, una escritora que se rebela ante la injusticia y una amante que se da cuenta de que vive una relación tóxica de la que no solo ha de salir, sino también advertir a los demás. ¿Os atrevéis a adentraros en la jaula de la mujer tigre? Yo os lo aconsejo encarecidamente: sé que el tigre os llevará a un mundo maravilloso.
Cristina Monteoliva



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domingo, 26 de marzo de 2017

Reseña: METRO 2033, de Dmitry Glukhovsky.

Título: Metro 2033
Autor: Dmitry Glukhovsky
Traducción: Joan Josep Musarra Roca
Publica: Timunmas
Páginas: 544
Precio: 19,50 € / 8,95 € (edición de bolsillo) / 6,99 € (Epub2)

Imagina que se desata la III Guerra Mundial y que los dirigentes de los países involucrados en tan terrible contienda ordenan a sus soldados dejar caer las bombas nucleares sobre las ciudades enemigas. ¿Dónde podrían refugiarse los pobres civiles para escapar de la radiación? Sin lugar a dudas, en las líneas del metro. Allí crearían nuevos asentamientos humanos, nuevas formas de organizarse: un nuevo mundo. Pero, ¿y si ese nuevo mundo se viera de pronto amenazado por algo tan horrible como las radiación? La respuesta a esta pregunta y muchas otras la encontraréis en la obra de ciencia ficción Metro 2033, de Dmitry Glukhovsky: la novela que hoy os vengo a comentar.
Moscú, año 2033. Hace años que la gran capital rusa fue devastada por las bombas nucleares. Desde entonces, los supervivientes a la guerra y la radiación viven en el subsuelo, ocupando las estaciones del metro, convertidas en pequeñas ciudades Estado. Artyom es un joven soldado que vive con su padre adoptivo en la estación denominada VDNKh. Su trabajo consiste en vigilar para evitar la entrada de los Negros, unos terribles seres del exterior. Los Negros están a punto de entrar en masa y Artyom es el elegido para alertar a los habitantes del metro del peligro que corren. Para evitar el gran desastre, deberá viajar hasta la Polis, una estación lejana, y buscar ayuda allí. El viaje no solo será largo, sino también peligroso. Y terriblemente emocionante. ¿Conseguirá al final Artyom impedir que su mundo se venga abajo?
Los amantes de la ciencia ficción y de los futuros distópicos somos muy datos a pensar en explicaciones imaginativas cuando se trata del fin del mundo. Lo cierto, sin embargo, es que la explicación más plausible para el fin de la humanidad, tal y como la conocemos, es la misma que ya sabemos desde hace mucho: la guerra biológica y nuclear. Y así, lejos de hablarnos de zombis o alienígenas, Dmitry Glukhovsky nos plantea en Metro 2033 un futuro en el que los moscovitas supervivientes a las bombas nucleares que han asolado la superficie viven en agrupados en las distintas estaciones del metro, convertidas en pequeñas ciudades Estado en las que se profesan distintas ideologías, religiones y se realizan distintas funciones.
Pero, un momento, ¡que estamos hablando de ciencia ficción! ¿Es en este mundo todo como cabría esperar? No, por supuesto que no. En el metro ocurren cosas que tienen difícil explicación, y en la superficie no solo viven los Negros, unos seres de piel oscura que se comen a los habitantes de las vías, sino también otros seres nacidos de la radiación. Y aún hay más. Porque la guerra que devastó este Moscú hipotético no solo fue nuclear: también tuvo su parte biológica. ¿Y qué pasaría con los restos de estas armas después del tiempo? Tendrás que leer Metro 2033 para descubrirlo.
Dicho todo esto, hablemos Artyom, el joven protagonista de esta novela de aventuras subterráneas y un tanto claustrofóbicas. Artyom es un muchacho, casi un adolescente, que trabaja vigilando el túnel por el que normalmente los Negros llegan a su estación. Cuando era pequeño, vivía en la superficie, aunque no lo recuerde. Tampoco se acuerda de su madre, la mujer que, desesperada, le entregó en medio de un horrible ataque de ratas gigantes a Sukhoy, el hombre que se convertiría a partir de entonces en su padre adoptivo. Artyom no ha conocido otra familia desde entonces, tampoco otra casa que no sea la VDNKh, ahora amenazada por los terribles monstruos. Por eso, en cuanto el misterioso Hunter le manda a la Polis en busca del comandante Melnikov, el chico no se lo piensa dos veces.
El camino será largo y no solo estará repleto de personajes interesantes desde distintos puntos de vista y peligros inimaginables, sino también de momentos enriquecedores para alguien como Artyom, tan ávido de nuevos conocimientos. Todo lo que el joven aprenda le hará crecer y, de paso, no dejará indiferente al lector. Juntos llegaremos al sorprendente final de esta novela para comprender que… No, eso tendréis que averiguarlo por vosotros mismos. ¿O es que no os pica la curiosidad?
Metro 2033, en definitiva, es una novela de ciencia ficción y fantasía llena de aventuras y momentos emocionantes, pero también de planteamientos que harán que los lectores no solo nos preocupemos por ese futuro hipotético en el que vive el joven Artyom, sino también, y mucho, por el presente, la forma que tenemos de relacionarnos los unos con los otros, las disputas de todo tipo, la intolerancia, el papel de las creencias y un sinfín de temas interesantes. ¿Te atreves a explorar el metro de Moscú junto a este muchacho? Yo que tú ni me lo pensaría.
Cristina Monteoliva



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Reseña: ORFANCIA, de Athos Zontini.

Título: Orfancia
Autor: Athos Zontini
Traducción: Isabel González-Gallarza
Publica: Destino
Páginas: 272
Precio: 18 € / 9,99 € (Epub2)

En tu infancia, ¿eras de los que se terminaban toda la comida del plato sin rechistar o, por el contrario, tu madre tenía que estar detrás de ti para que al menos comieras algo? Si tu caso era el segundo, ¿llegaste en algún momento a pensar que la actitud de tus padres, tan obsesionados por tu alimentación y por verte crecer, era sospechosa? Probablemente no. Pero, ¿y si lo hubieras hecho? La respuesta a esta última pregunta puede que la encuentres en Orfancia, la original novela de Athos Zontini de la que hoy os vengo a hablar.
El narrador y protagonista de esta historia es un niño italiano de ocho años que apenas come. Sus padres, en especial su madre, se desviven por hacer que el chico pruebe bocado. No es que este niño sea un tanto delicado para la comida: es que no quiere comer absolutamente nada. Todos los días se esfuerza por no tener hambre y todo lo que le hacen comer, corre a vomitarlo a escondidas. ¿Por qué hace esto? La respuesta es tan lógica para él como asombrosa para cualquier otro: sus padres quieren comérselo.
La historia comienza en una localidad indeterminada de Italia en primavera, en la casa de esta particular familia compuesta por dos preocupados progenitores, dos simpáticos perros y un niño que no quiere comer, y termina en el mismo lugar en invierno. A lo largo de las cuatro estaciones del año, veremos cómo piensa este chico sin nombre, la forma que tiene de relacionarse con su entorno, las preocupaciones de sus padres, etc. También comprobaremos que incluso alguien como él, de creencias tan arraigadas, es capaz de cambiar de ideas gracias a los estímulos adecuados durante el verano, en la isla donde sus padres suelen pasar las vacaciones, si bien esos estímulos nos pueden resultar un tanto impactantes.
Esta historia podría parecer, a simple vista, sencilla, cuando no lo es en absoluto. Lo cierto es que en ella hay muchos temas que podrían debatirse. El primero de ellos, la visión que tienen los niños de sus padres y la manera poco adecuada que tenemos los adultos de acercarnos a ellos a veces. En segundo lugar, yo hablaría de la fuerza que pueden llegar a tener algunas de las creencias que adquirimos en la infancia. Después, podríamos discutir el tema del acoso en las escuelas, un problema tan en boga últimamente como espinoso, pues su resolución no parece fácil. Tampoco podríamos olvidarnos, una vez terminada la lectura del libro, de hablar sobre la naturaleza violenta del ser humano. También yo destacaría la indolencia que algunos niños pueden tener a la hora de hacer daño a otros seres vivos. Y muchas cosas más, pues, como digo, esta novela que para muchos podría resultar un tanto lineal, más o menos lógica en su desarrollo y hasta simple, no lo es en absoluto cuando se observa con detenimiento todas y cada una de las cosas que nos cuenta este chico inapetente a lo largo de un año de su vida.
El final de la historia resultará sorprendente a muchos lectores. Yo creo que ocurre justo como lo esperaba, aunque tal vez de una forma un poco más precipitada de lo que me hubiera gustado. No obstante, la metáfora que encierra dentro este final, ese mensaje tan ambiguo como rico que permanece en la mente días después de cerrar el libro, me ha satisfecho sobremanera, por lo que puedo decir que esta novela es digna del reconocimiento que la precede.
Orfancia, en definitiva, es una obra de narrativa literaria que, sin embargo, puede clasificarse también como una novela fantástica, un cuento de hadas de nuestro tiempo o un thriller poco convencional. Sea como sea, lo que no cabe duda es que esta historia tan diferente, tan fresca, aporta a todos los que la leen una visión distinta de la infancia, la paternidad, las creencias, la soledad y los miedos, e invita a reflexionar sobre un sinfín de temas, algunos universales, otros hijos de nuestros tiempos. Así que, amigos lectores, si estáis buscando una lectura que no os deje indiferente, que despierte en vosotros sentimientos encontrados y que os haga incluso plantearos la naturaleza del ser humano, no lo penséis más: tenéis que haceros ya con un ejemplar de Orfancia.
Cristina Monteoliva


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sábado, 18 de marzo de 2017

Entrevista: JAVIER BOZALONGO.

Estimados amigos lectores,

Una vez más tenemos el placer de ofreceros las interesantes palabras de un excelente escritor. En esta ocasión nuestro entrevistado no es otro que Javier Bozalongo.
Javier Bozalongo nació en Tarragona aunque actualmente vive en Granada. Prolífico como autor, ha publicado los poemarios Líquida nostalgia (2001), Hasta llegar aquí (2005), Viaje improbable (2008) y La casa a oscuras (2009), además de las antologías Nunca el silencio (Costa Rica, 2012), Has vuelto a ver luciérnagas (México, 2015) y Las raíces aéreas (Ecuador, 2016) y el libro de relatos Todos estaban vivos (Esdrújula, 2016), obra, esta última, por la que le preguntamos precisamente en esta entrevista. Actualmente, además de seguir escribiendo, dirige la colección de poesía de Valparaíso Ediciones (www.valparaisoediciones.es). 
Y ya, sin más dilación, os dejo con las palabras del autor:

¿Cuándo comenzaste a escribir?
Escribo desde siempre, creo yo, aunque los primeros poemas que conservo deben ser de cuando tenía dieciséis o diecisiete años, con todas las contradicciones de esa edad y los descubrimientos propios de la adolescencia.

¿Pensaste, en aquellos primeros momentos, que en el futuro te dedicarías a la escritura?
Supongo que siempre había sido algo parecido a un sueño, pero visto como una posibilidad remota cuando no imposible.

¿Qué autores crees que han influenciado en ti como escritor?
En relato me gustan mucho norteamericanos como Raymond Carver, por citar uno. En poesía me acompañan desde siempre Ángel González o Jaime Gil de Biedma, pero la lista sería muy extensa.




Si tuvieras que elegir, ¿con qué te quedarías: poesía o relato?
Me quedo con la literatura. La poesía es lo que más me ha acompañado siempre pero soy un buen lector de narrativa también. Cada libro encuentra su momento para ser leído y disfrutado. Y como autor me ocurre lo mismo, aunque he publicado más poesía, en este momento los relatos me están dando muchas satisfacciones personales con la publicación de Todos estaban vivos.

¿Cómo compaginas tu carrera de escritor con la de director de la colección de poesía de la editorial Valparaíso?
Lo difícil es encontrar el tiempo para la escritura, pues la editorial absorbe gran parte del día entre lecturas, organización, presentaciones y viajes.

Recientemente has publicado el libro de relatos Todos estaban vivos con Esdrújula Ediciones. A lo largo de tu carrera Has publicado varios poemarios y unas cuantas antologías, pero  hasta ahora ningún libro de cuentos. ¿Por qué? ¿Y por qué ahora sí?
El origen del libro está en algunos textos que había escrito a lo largo de varios años. Después los editores los leyeron y me animaron a completar el libro con nuevos relatos que dieron como resultado Todos estaban vivos. El estímulo externo de saber que lo escrito tenía suficiente consistencia para convertirse en un libro me dio la energía suficiente para enfrentarme a la disciplina de terminar el libro. El momento llega sin avisar: ahora sí porque se dieron las circunstancias adecuadas, que tal vez no se habían dado anteriormente.

Por cierto, ¿qué debe de tener un buen cuento para ti?
Me interesa la observación de la realidad circundante para trasladarla a un relato y denunciar el estado de las cosas, con un punto de ironía o humor negro en algunos casos sin perder la esperanza en que lo que no nos gusta se puede mejorar.  El cuento debe ser dada su brevedad, intenso en el contenido y debe conseguir atrapar al lector desde la primera línea.
  


En Todos estaban vivos abundan los microcuentos. ¿Casualidad? ¿Veremos en el futuro un libro tuyo en el que haya historias más largas?
Se han ido mezclando en el libro de manera aleatoria cuentos más largos con microrrelatos. La razón es que hay historias que pueden ser contadas en pocas palabras y reunir todo lo necesario para no precisar un desarrollo mayor. Creo que cada una encuentra el tamaño necesario para que la historia no se repita a lo largo de muchas páginas si no es absolutamente precio.
En cuanto al futuro, nunca se sabe. De momento no hay cuentos a la vista.

Las historias de Todos estaban vivos resultan sin duda singulares. ¿Hay alguna basada en algún hecho real?
Algunas de las anécdotas principales a partir de las cuales se desarrollan los relatos son ciertas y me las han contado sus protagonistas, aunque después las haya reelaborado y les haya añadido ficción. Muchas veces basta con mirar alrededor y observar para encontrar buenas historias que merecen la pena ser escritas.

¿Se parece en algo a ti el narrador de Nada extraordinario?
Es en cierto modo el narrador que me gustaría llegar a ser.

En este libro conoceremos, entre otros, a un hombre menguante. ¿Qué te hace menguar a ti? ¿Quizá pensar tanto en la jubilación, como a unos cuantos de tus personajes?
Debe ser la edad, que nos acerca de manera inexorable hacia una jubilación que nos han prometido durante años y que cada vez se aleja más de la realidad, como tantas promesas incumplidas. Los escritores, en cualquier caso, creo que no se jubilan nunca.


¿Te has encontrado alguna vez a Elvis en un tren?
No, nunca, pero me habría encantado.

¿Y el viaje de En la mitad del mundo? ¿Es real?
Hay algo de real en ese viaje, porque regresé de un festival de poesía en Ecuador apenas diez antes del terrible terremoto que asoló la costa del país, y algunos amigos me enviaron fotografías de cómo habían quedado muchos lugares por los que habíamos pasado. Afortunadamente ya habíamos vuelto, y la ficción hizo el resto.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en este libro?
Espero encontrar sonrisas cómplices, que puedan sentirse reflejados en alguna de las escenas que se narran y sacar sus propias conclusiones a partir de la lectura, porque estoy seguro que muchos han pasado por situaciones similares.

¿Te gustaría añadir algo antes de acabar esta entrevista?
Tan sólo mi agradecimiento por las preguntas y sobre todo, mi reconocimiento a cada uno de los lectores de estas palabras y del libro.

Muchas gracias a ti, Javier, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. Esperamos que Todos estaban vivos llegue a muchos lectores, y todos tus proyectos literarios tengan siempre éxito.
Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar una vez más al otro lado de la pantalla. Recordad: si os hacéis seguidores de blogger del blog o de la página de Facebook, como siempre os indico bajo cada reseña, siempre estaréis al tanto de todas las actualizaciones. Y ahora, ¡a leer!


Cristina Monteoliva

Reseña: TODOS ESTABAN VIVOS, de Javier Bozalongo.

Título: Todos estaban vivos
Autor: Javier Bozalongo
Publica: Esdrújulas Ediciones
Páginas: 112
Precio: 12,50 €

Nos pasamos la vida anhelando lo que no tenemos y quejándonos por minucias. Solo cuando algo grave sucede, nos damos cuenta de lo que verdaderamente importa: la familia, los amigos, el techo bajo el que nos cobijamos, los paseos, ese programa de televisión que tanto nos entretiene… ¡Seguir vivos! Pienso esto tras acabar de leer Todos estaban vivos, el libro de relatos de Javier Bozalongo del que a continuación os voy a hablar.
Todos estaban vivos es un libro de narración breve compuesto por un total de veintiséis cuentos de extensión variable, aunque la mayoría de ellos son claramente microficciones, que se agrupan en dos secciones: Uno… (que engloba las doce primeras piezas) y …y los demás (que abarca el resto de cuentos hasta el final del libro). Si bien en la mayoría de estos relatos encontraremos un ácido humor negro y una mirada crítica a la sociedad actual, podría decirse que los relatos de Uno… están un poco más anclados a lo que podríamos llamar el mundo real, mientras que los de …y los demás habitan casi siempre en un mundo fantástico y extraordinario.
El libro debe su título a una frase que encontraremos en el último relato, precisamente uno de los más largos, de título En la mitad del mundo. Gracias a él, asistiremos junto a los personajes del mismo a una alegre convención de poetas que no acaba como todos esperaban por un hecho tan natural como sorprendente. Esta historia, sin duda, nos recuerda, como tantas otras que nos encontraremos en este libro, que vivimos en un equilibrio precario, a punto de romperse de un momento a otro, y que al hacerlo por fin nos damos cuenta de las cosas que verdaderamente importan.  
Y, sin embargo, las historias que nos encontramos en este volumen no podrían ser más variadas, si bien podemos encontrar puntos en común entre ellas, pues ya se sabe que al final los escritores tienden a fijarse más en unos temas que en otros. Así, el desamor y la separación de la pareja son temas muy presentes en La palabra más bonita, Alianzas, ¡Sí, quiero!, La carta, Mousse de limón y Fumar mata; mientras que el amor entre dos aparece en relatos como Migajas, Terremoto y Rojo oscuro.
Del desamor y el amor de pareja pasamos pronto a la familia y sus múltiples y complejos asuntos en cuentos como Contra la hipertensión, El tiempo de un reloj y Plasma.
La jubilación, la suspensión del empleo y el mundo de los bancos son temas tan poco explotados últimamente en el mundo del relato breve (al menos, yo no me he topado con muchos cuentos que hablen de estos temas en mis últimas lecutras) como recurrentes en este libro. Ejemplo de ello son los interesantes títulos: Jubilación anticipada, El hombre menguante, Cajero automático y El premio.
La muerte, las pistolas a punto de dispararse (o ya disparadas) y el peligro son temas que encontraremos en cuentos como La palabra más bonita, Migajas, Terremoto, Sobremesa, Objeción de conciencia, Naked, Hoja de reclamaciones, Nada extraordinario y Desafinado.
Curiosamente, he encontrado un par de relatos que me resultan difíciles de relacionar con otros de este mismo libro. El primero de ellos es Campeona, un cuento que nos habla de la obstinación por seguir adelante, de la superación hasta el infinito. El segundo es Globalización, un relato que, en clave de humor, critica este mundo globalizado en el que nos vemos inmersos hoy en día.
Todos estaban vivos, diré finalmente, es un libro de relatos actual, imaginativo, divertido, mordaz y crítico a la par que asequible para todo tipo de lectores, que invita a buscar el lado divertido a lo negativo, el análisis de los problemas del mundo actual y la toma de conciencia de lo que de verdad importa en este mundo tan convulso en el que vivimos. Un libro de rápida y ágil lectura que, sin duda, deja un buen sabor de boca. Ahora solo falta que te decidas a sumergirte en sus páginas para descubrir todo lo que este libro te puede aportar. ¿Te atreves a comprobarlo?
Cristina Monteoliva



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